La agencia calificadora Fitch Ratings anunció una mejora en la calificación crediticia de Argentina, elevando la nota desde CCC+ hasta B- con perspectiva estable[cite: 1]. La decisión refleja avances significativos en el frente fiscal y mejoras en la balanza externa, factores que la agencia considera determinantes para la sostenibilidad del programa económico vigente bajo la administración actual[cite: 1].
Entre los fundamentos del upgrade se destacan la consolidación del ancla fiscal y el fortalecimiento de la posición política del oficialismo tras los comicios legislativos, facilitando el avance de reformas estructurales[cite: 1]. Fitch estima que las reservas brutas del país podrían alcanzar los US$52.700 millones para el cierre del año, impulsadas por el dinamismo exportador de sectores estratégicos como la energía y la minería[cite: 1].
No obstante, el informe mantiene ciertas advertencias sobre riesgos persistentes, mencionando la inflación elevada y el historial de volatilidad macroeconómica como desafíos críticos[cite: 1]. A pesar de estas observaciones, la nueva calificación sitúa a la deuda soberana en un nivel similar al alcanzado en 2016, marcando una señal de mayor confianza internacional hacia la normalización financiera de la economía argentina[cite: 1].

