La Reserva Federal de Estados Unidos mantuvo su tasa de referencia en el rango de 3,50%-3,75% en su reunión más reciente, pero la decisión estuvo lejos de ser unánime. El resultado fue de 8 votos a favor y 4 en contra, configurando el mayor número de disensos dentro del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) desde el año 1992. La fractura al interior del Comité expone tensiones simétricas y de naturaleza opuesta: el gobernador Stephen Miran votó por un recorte de 25 puntos básicos, mientras que los presidentes regionales Beth Hammack (Cleveland), Neel Kashkari (Minneapolis) y Lorie Logan (Dallas) rechazaron el lenguaje del comunicado por considerarlo sesgado hacia futuros recortes.
El comunicado oficial remarcó que la inflación permanece elevada, atribuyendo parte de esa presión al reciente incremento en los precios globales de la energía vinculado al conflicto con Irán. Tras el anuncio, el rendimiento del Treasury a 10 años subió más de cinco puntos básicos hasta 4,41%, reflejo de una lectura de mercado que anticipa un margen más acotado para flexibilizar la política monetaria en el corto plazo. La reacción en la curva de rendimientos sintetiza la percepción de que el camino hacia recortes enfrenta obstáculos tanto inflacionarios como de coordinación interna.
El cuadro resultante coloca al FOMC en una posición de alta dependencia de datos, donde las publicaciones de inflación y crecimiento de las próximas 48 horas adquieren una relevancia amplificada. La coexistencia de votos disidentes en ambas direcciones —hacia un recorte y hacia una postura más restrictiva— convierte cada dato macroeconómico entrante en un potencial factor de reordenamiento dentro del Comité. Adicionalmente, el debate traslada presión sobre quien eventualmente asuma la conducción de la institución en el próximo ciclo de designaciones.

