Los precios internacionales del petróleo extendieron su rally luego de que la administración Trump rechazara la propuesta iraní para reabrir el Estrecho de Hormuz y poner fin al conflicto en curso. El WTI liquidó cerca de USD 100 por barril, mientras que el Brent superó los USD 111, consolidando una dinámica alcista que reintroduce el riesgo energético como variable central en la ecuación macroeconómica global.
En paralelo, el Banco Mundial advirtió que el conflicto con Irán podría empujar los precios globales de la energía al nivel más alto en cuatro años, en un escenario comparable al shock energético registrado en 2022. La nafta en Estados Unidos promedia USD 4,176 por galón, su valor más elevado desde agosto de 2022, lo que vuelve a colocar el componente de gasolina del Índice de Precios al Consumidor (CPI) en el centro del análisis inflacionario. El traspaso de los precios energéticos a la inflación general es un fenómeno monitoreado de cerca por la Reserva Federal.
El efecto en los mercados de renta fija fue inmediato. El rendimiento del Treasury a 10 años trepó a 4,35%, máximo de las últimas cuatro semanas, ante el resurgir del riesgo inflacionario. La curva de Fed funds futures recortó la probabilidad asignada a recortes de tasa en el segundo semestre, reflejando un reposicionamiento de las expectativas del mercado frente a una inflación que ya alcanzó el 3,3% interanual en marzo y que ahora enfrenta un nuevo impulso desde los commodities energéticos. El Estrecho de Hormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, se consolida como una variable geopolítica de primer orden para la dinámica de precios globales.

