La Corte Suprema de EE.UU. falló 5 a 4 en contra del intento del gobierno de Trump de remover a Lisa Cook, gobernadora de la Reserva Federal designada por la administración Biden y primera mujer afroamericana en integrar el board del banco central estadounidense. La mayoría, encabezada por el Chief Justice John Roberts, determinó que la Fed es una «entidad de estructura única» con raíces en la tradición histórica de los Primeros y Segundo Bancos de EE.UU., y que sus miembros solo pueden ser removidos «por causa» justificada, no por voluntad discrecional del presidente. El fallo llegó en medio de presiones del gobierno para que la Fed baje las tasas de interés, reflejando tensiones políticas alrededor del banco central.
El mercado interpretó la decisión como una reafirmación de la independencia institucional del banco central, variable crítica para la credibilidad de la política monetaria y el anclaje de expectativas de inflación. La preservación de esta independencia es particularmente relevante en contextos inflacionarios, donde la confianza en el compromiso de la autoridad monetaria con la estabilidad de precios es esencial para evitar desanclamientos en las expectativas inflacionarias a largo plazo. Sin embargo, el fallo fue acotado en sus fundamentos, con la mayoría evitando sentar un precedente amplio sobre los límites de la autoridad presidencial en organismos reguladores.
Simultáneamente, la Corte validó el despido de la comisionada de la Comisión Federal de Comercio (FTC) Rebecca Slaughter, lo que subraya que la independencia de otros organismos reguladores sigue siendo terreno jurídico incierto. Este contraste sugiere que la Corte no estableció una doctrina general sobre la independencia regulatoria, sino que basó su decisión en características específicas de la Fed, incluyendo su estructura de gobernanza y su rol histórico en la economía estadounidense. Las implicancias a largo plazo para el balance de poderes entre la presidencia y las agencias regulatorias permanecen inciertas.

