El Índice de Precios al Productor (PPI) de mayo publicado por el Bureau of Labor Statistics (BLS) registró un avance mensual de 1,1%, el doble de la estimación del consenso de 0,6%, llevando la variación interanual a 6,5%, el mayor salto desde noviembre de 2022. Casi el 80% de la suba mensual provino de bienes finales, traccionados por un aumento de 2,8% en los precios de energía directamente vinculado al conflicto en Irán. El núcleo del PPI —excluyendo alimentos y energía— avanzó 0,4% mensual y 4,9% interanual, mostrando que las presiones de precios no se limitan al componente volátil energético.
El dato se suma al CPI de mayo publicado el miércoles, que mostró inflación al consumidor en 4,2% interanual —máximo desde abril de 2023—, con la energía explicando más del 60% del alza mensual. La confluencia de ambos registros consolida un escenario de presión persistente sobre la cadena de precios que reduce el margen de maniobra de la Reserva Federal, que en su última reunión de abril mantuvo la tasa sin cambios en el rango de 3,5%-3,75% por tercera reunión consecutiva. Los rendimientos del Tesoro respondieron a la baja en la jornada del jueves ante el anuncio del memorándum con Irán: la tasa a 10 años cayó 10 pbs hasta 4,45% y la de 2 años bajó 9 pbs hasta 4,05%.
La ironía del ciclo inflacionario actual es que la posible tregua con Irán, si se confirma y se formaliza, podría revertir parte del shock energético que explica el grueso de los registros de mayo en PPI y CPI. Sin embargo, hasta que el Estrecho de Ormuz no reabra efectivamente al tráfico comercial y los precios del crudo sostengan la corrección iniciada este viernes, los datos de inflación continuarán reflejando el daño acumulado. El mercado de futuros de los Fed Funds aún no descuenta un recorte de tasas en lo que resta del año, con la primera baja esperada recién para el primer trimestre de 2026 en la mayoría de los escenarios.

