Un informe del Wall Street Journal indicó que Nvidia negocia financiar hasta US$350.000 millones en futuras compras de chips por parte de OpenAI, además de respaldar el financiamiento de un campus en Ohio cuyo costo superaría los US$500.000 millones. La magnitud de la operación volvió a poner el foco sobre la estructura de financiamiento que sostiene la expansión de infraestructura de inteligencia artificial en Estados Unidos.
El mercado interpretó esta posible operación como una señal de preocupación sobre la fortaleza genuina de la demanda de chips, en la medida en que gran parte del crecimiento proyectado dependería de esquemas de financiamiento cruzado entre proveedores y clientes dentro del ecosistema de semiconductores vinculado a la inteligencia artificial.
De manera paralela, la Casa Blanca acusó a la empresa china Moonshot AI de utilizar chips de Nvidia restringidos por sanciones para desarrollar su modelo Kimi K3, lo que volvió a tensar la relación tecnológica entre Estados Unidos y China. El episodio se suma a una serie de fricciones previas vinculadas al control de exportaciones de semiconductores avanzados hacia el mercado chino.
La combinación de ambos factores, el esquema de financiamiento entre Nvidia y OpenAI y la denuncia sobre el uso de chips restringidos, contribuyó a incrementar la volatilidad en el segmento tecnológico vinculado a la inteligencia artificial durante la jornada.

