Durante la segunda jornada de la cumbre del G7, el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania volvió a posicionarse como el principal eje de discusión entre las potencias mundiales. Este enfoque renovado se materializó luego de que las tensiones en la región de Medio Oriente experimentaran una disminución significativa, impulsada por el reciente acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán que habilitó la reapertura del Estrecho de Ormuz.
En este contexto del Mercado Internacional, el presidente Donald Trump confirmó públicamente que, al haber logrado avances concretos en las negociaciones bilaterales con Irán, su administración concentrará ahora los esfuerzos diplomáticos en abordar el conflicto en Europa del Este. A lo largo del fin de semana, el mandatario estadounidense mantuvo conversaciones individuales con Vladimir Putin y Volodímir Zelenski, las cuales calificó de «muy positivas», sugiriendo que ambas naciones muestran apertura para explorar una resolución negociada. Por parte de la diplomacia rusa, el asesor Yuri Ushakov señaló que un posible acuerdo podría establecer una nueva dimensión en las relaciones internacionales bilaterales entre Moscú y Washington.
Mientras avanzan las gestiones diplomáticas, el mandatario ucraniano aprovechará su participación en la cumbre internacional para solicitar un refuerzo en los sistemas de defensa aérea y el mantenimiento del apoyo militar por parte de occidente. La actual edición del foro global cuenta con la presencia ampliada de países invitados como Brasil, India, Corea del Sur, Ucrania, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Kenia. Esta integración subraya la relevancia creciente que están adquiriendo las naciones emergentes en el actual esquema de la geopolítica global.

