La Reserva Federal mantuvo la tasa de fondos federales en el rango de 3,50% a 3,75%, completando la cuarta pausa consecutiva de política monetaria. Sin embargo, la decisión fue rápidamente eclipsada por el cambio drástico en el comunicado y el tono de la conferencia de prensa del nuevo presidente Kevin Warsh. El statement fue rediseñado eliminando referencias a «ajustes adicionales» y suprimiendo el sesgo hacia recortes que la institución había mantenido durante meses, marcando un quiebre significativo con la comunicación anterior.
En una declaración inusual, Warsh manifestó explícitamente que la «forward guidance no es apropiada para la coyuntura actual de política», distanciándose del estilo comunicacional de su predecesor. El dot plot revisado ubicó la mediana de la tasa para fin de 2026 en 3,8%, comparado con 3,4% de marzo, con nueve de dieciocho participantes proyectando al menos una suba antes de fin de año. El mercado enfrentó un recalibración abrupta de escenarios que, hasta hace 48 horas, asignaban baja probabilidad a aumentos de tasas en 2026. Los rendimientos del Treasury a 2 años subieron más de 16 puntos básicos hasta 4,22%, mientras el S&P 500 cayó 1,21% y el Dow Jones perdió 507 puntos.
La novedad más estructural fue el anuncio de cinco grupos de trabajo internos para revisar aspectos centrales de la operatoria de la Fed: comunicaciones, hoja de balance, fuentes de datos, productividad y empleo en la era de la IA, y el marco de inflación. Warsh señaló que estos temas son «oportunos, relevantes y, a mi juicio, merecedores de una mirada fresca», dejando entrever que varios pilares del marco actual, incluyendo el Average Inflation Targeting (AIT) adoptado en 2020, podrían estar bajo revisión. Esta posibilidad tiene implicancias de largo plazo para las expectativas, la curva de rendimientos y la prima de riesgo de activos de duration, configurando un cambio de régimen que va más allá del ajuste puntual de tasas.

