La tensión geopolítica en Oriente Medio volvió a intensificarse en la jornada del miércoles. Irán lanzó ataques contra objetivos ubicados en Kuwait y Bahrain, mientras que Estados Unidos respondió con bombardeos en las inmediaciones del estrecho de Ormuz. El nuevo episodio de escalada bélica complicó significativamente las conversaciones diplomáticas entre Washington y Teherán, que venían desarrollándose en un marco de alta fragilidad.
El impacto directo en los mercados de commodities energéticos fue inmediato. El WTI avanzó un 2,4% hasta los USD 96 por barril, mientras que el Brent subió un 2% hasta los USD 97,9 por barril. La relevancia estratégica del estrecho de Ormuz —por donde transita aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo— amplifica el efecto de cualquier perturbación en la zona sobre los precios internacionales del crudo y las cadenas de suministro energético globales.
El shock energético derivado de este conflicto se suma a la presión inflacionaria que monitorea la Reserva Federal en su proceso de toma de decisiones de política monetaria. Un precio del petróleo sostenido en niveles elevados tiene efectos directos sobre los índices de precios al consumidor y los costos de producción en múltiples sectores, lo que alimenta la discusión sobre la trayectoria de las tasas de interés en los próximos trimestres. La situación mantiene en alerta a los mercados financieros globales dado su potencial impacto sobre el crecimiento económico.

