El cobre cayó 3,4% hasta USD 6,14 por libra, extendiendo la tendencia bajista en respuesta a una demanda más débil desde China y al incremento de los embarques globales de concentrado observado desde abril. El metal industrial sufrió presiones adicionales por el contexto de volatilidad macroeconómica en mercados globales, con inversores reduciendo exposiciones a activos cíclicos ante la incertidumbre sobre trayectorias de política monetaria y crecimiento económico. China, responsable de aproximadamente el 50% del consumo mundial de cobre, ha mostrado señales de debilitamiento en actividad de construcción y manufactura, presionando demanda del metal rojo.
El incremento de embarques globales de concentrado de cobre desde abril sugiere una acumulación de inventarios a nivel mundial, probablemente impulsada por mayor producción minera en contextos de precios moderados. Esta dinámica de mayor oferta confluente con demanda más débil crea presiones bajistas sostenidas en el precio del metal. Los spreads entre contratos de largo plazo y corto plazo del cobre han comenzado a invertirse, un indicador técnico que históricamente precede a períodos de debilitamiento de precios en commodities industriales.
Para la Argentina y otros exportadores de commodities, el debilitamiento del cobre refleja presiones más amplias sobre precios de metales en contextos de desaceleración económica potencial. Sin embargo, la relación de precios entre diferentes commodities también es relevante: mientras cobre se debilita, otros metales pueden mantener o ganancia valor, creando oportunidades de diversificación para carteras de exportaciones. El cobre sigue siendo un indicador relevante de salud económica global, dado su sensibilidad a ciclos de inversión y construcción, sectores que típicamente se contraen tempranamente en desaceleraciones económicas.

