El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, señaló que EE.UU. e Israel están cerca de dominar el espacio aéreo iraní y anticipó ataques más profundos y precisos dentro de una campaña que ya habría impactado 2.000 objetivos y 20 buques de guerra. En paralelo, un submarino estadounidense hundió la fragata iraní IRIS Dena frente a las costas de Sri Lanka, en lo que constituye una de las acciones navales más significativas del conflicto. Irán rechazó haber mantenido contactos con la CIA para negociar un cese del enfrentamiento.
En un desarrollo sin precedentes desde el inicio de la escalada, la OTAN interceptó un misil iraní que se dirigía hacia Turquía, en lo que representa la primera acción directa de la Alianza Atlántica en el conflicto. El episodio eleva el nivel de involucramiento de actores regionales e internacionales y aumenta la incertidumbre sobre la extensión geográfica del enfrentamiento. Simultáneamente, un informe indicó que funcionarios iraníes habrían mantenido contactos secretos con EE.UU. con el objetivo de explorar conversaciones orientadas a finalizar el conflicto.
El impacto económico del conflicto se refleja de forma directa en los mercados energéticos globales. La amenaza sobre el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del suministro global de crudo, mantiene una prima de riesgo geopolítico en los precios del petróleo. El barril WTI operó en torno a USD 74,9, mientras que el Brent retomó niveles por encima de USD 80. Los principales armadores internacionales mantienen sus buques detenidos, sosteniendo la presión sobre las rutas logísticas globales.

