Los avances en las negociaciones nucleares entre EE.UU. e Irán enfrentaron una nueva complicación: medios iraníes señalaron que las conversaciones con los mediadores fueron suspendidas tras la reactivación de los enfrentamientos entre Israel y Hezbollah en el Líbano, frenando temporalmente el avance hacia el memorándum de entendimiento por 60 días que había sido acordado de forma preliminar la semana pasada. Sin embargo, el secretario de Estado Marco Rubio expresó una visión más optimista al afirmar que observa indicios de que el nuevo Líder Supremo de Irán sigue comprometido con las negociaciones.
Las señales contradictorias entre las partes generan incertidumbre geopolítica en los mercados de materias primas, en particular en el mercado del petróleo, donde la prima de riesgo asociada a la disponibilidad del Estrecho de Ormuz —corredor por el que transita aproximadamente el 20% del comercio mundial de crudo— había sido uno de los principales factores de soporte para los precios en las semanas previas. La eventual reactivación de las negociaciones podría aliviar esa prima, mientras que una escalada en el Líbano mantendría elevada la tensión sobre los flujos de suministro.
El impacto de este foco de tensión geopolítica se extiende más allá del mercado energético: afecta también la posición del dólar como activo refugio, el comportamiento del oro y la percepción de riesgo global que condiciona a los mercados emergentes. En este escenario, la evolución de los contactos diplomáticos entre Washington y Teherán será seguida de cerca por inversores internacionales como un factor determinante del contexto geopolítico global durante el segundo semestre de 2026.

