Bank of America fue el primer banco de Wall Street en traducir la señal hawkish de la Fed en un cambio formal de proyección: espera ahora tres subas de 25 puntos básicos durante el segundo semestre de 2026, en septiembre, octubre y diciembre, lo que llevaría la tasa de referencia al rango de 4,25%-4,50%. El economista Aditya Bhave sostuvo que el problema inflacionario es «unambiguously worse» y que Kevin Warsh, en su conferencia de prensa del 17 de junio, dejó en claro que la política monetaria puede no estar siendo suficientemente restrictiva. El banco anticipa al mercado en uno o dos trimestres y en 25 puntos básicos adicionales respecto a lo que hoy pricean los futuros.
El telón de fondo es el dot plot de junio, donde 9 de los 18 miembros del FOMC proyectaron al menos una suba para 2026, con la mediana para fin de año subiendo a 3,8% desde el 3,4% de marzo. Warsh marcó un cambio de tono que el mercado tardó en procesar pero que ahora cotiza con urgencia: los futuros de tasas comenzaron a pricear la primera suba tan pronto como octubre. J.P. Morgan, en cambio, mantiene su base de caso en hold hasta 2027. El disenso entre bancos de primera línea agrega volatilidad a la lectura de la curva y genera incertidumbre sobre el timing de normalizaciones futuras.
El cambio de narrativa en los mercados refleja una recalibración de expectativas sobre el ciclo de política monetaria basada en datos macroeconómicos que sugieren presiones inflacionarias persistentes. La Fed enfrenta un dilema entre mantener tasas restrictivas para combatir la inflación o acelerar reducciones si las condiciones financieras se endurecen excesivamente. Este contexto de mayor incertidumbre sobre la trayectoria de tasas impacta particularmente en activos sensibles a la tasa de descuento, como semiconductores y tecnología de alta duration, explicando parte de la volatilidad observada en mercados globales.

