Alphabet elevó significativamente su guidance de gastos de capital para 2026, anunciando un rango de inversión entre 180.000 y 190.000 millones de dólares anuales, duplicando lo ejecutado en 2025 y alcanzando seis veces el nivel registrado en 2022. La compañía confirmó que la infraestructura de inteligencia artificial constituye el principal conductor de estos incrementos presupuestarios, reflejando una apuesta estratégica de largo plazo en capacidades computacionales avanzadas. El anuncio fue acompañado por la salida pública de dos investigadores de alto perfil del equipo de inteligencia artificial de Google, sumando presión adicional sobre el desempeño accionario en la sesión.
El mercado comienza a reencuadrar la ecuación de retorno sobre capital invertido (ROIC) en inteligencia artificial para las grandes empresas tecnológicas incumbentes. Alphabet recaudó en junio 84.750 millones de dólares mediante una oferta accionaria, diluyendo la base de tenedores existente, y ahora presenta a los inversores una hoja de ruta de gasto que compite en magnitud con el producto interno bruto de economías de tamaño mediano. Esta estrategia se diferencia de competidores como Nvidia, que venden infraestructura, o empresas más pequeñas especializadas en soluciones de IA, que operan con márgenes operativos distintos.
La paradoja que emerge de esta sesión resulta particularmente ilustrativa: los incumbentes que más invertirán en infraestructura de IA experimentaron presiones a la baja, mientras que los proveedores de capacidad computacional para esos gastos, como CoreWeave y Nebius, debutaron en el Nasdaq-100 en un entorno favorable a su narrativa. Este fenómeno sugiere una rotación de preferencias en el mercado: desde los gigantes que absorben costos de capital intensivo hacia los especialistas que capturan marginalidad en la provisión de recursos tecnológicos.

