El Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió una licencia general con vigencia de 60 días que autoriza la producción, entrega y venta de petróleo iraní bajo el marco del acuerdo alcanzado entre Washington y Teherán el pasado 18 de junio. La medida levanta las restricciones comerciales aplicadas durante el período de tensiones que interrumpió el tránsito marítimo por el Estrecho de Ormuz e impulsó los precios de la energía al alza en los meses previos. La autorización representa un cambio significativo en la política energética de Oriente Medio y vuelve a colocar la oferta iraní como variable relevante en los mercados globales de crudo.
El petróleo Brent extendió sus caídas recientes con el anuncio de la licencia, consolidando el alivio en los precios que había comenzado con la comunicación del acuerdo de paz hace una semana. Este movimiento plantea un dilema relevante para la OPEP+ en el corto plazo: absorber la producción adicional iraní sin ajustar cuotas de producción implica aceptar un entorno de precios más bajos, mientras que un recorte coordinado de la oferta podría ser interpretado como una fractura interna del bloque productor. En un contexto donde la Reserva Federal señalizó recientemente una postura más restrictiva en política monetaria y la inflación permanece por encima de los objetivos institucionales, la disminución de los precios de energía opera como un recorte de tasas de interés silencioso.
La autorización vence el 21 de agosto, dejando abierto el interrogante sobre la continuidad de las exportaciones iraníes más allá del verano boreal en el hemisferio norte. La volatilidad en los precios del petróleo durante los próximos meses dependerá de la evolución de la oferta iraní y de las decisiones de política productiva de OPEP+, factores que a su vez influirán en la trayectoria de la inflación global y en la lectura que realicen los bancos centrales de los datos de inflación subyacente en próximas semanas.

