El presidente Trump anunció vía Truth Social un acuerdo entre Apple (AAPL) e Intel (INTC) para diseñar y fabricar chips en suelo estadounidense, un movimiento que representa un cambio significativo en la estructura de la cadena de suministro de semiconductores de la compañía de Cupertino, históricamente caracterizada por una dependencia estratégica de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC). Según reportó el Wall Street Journal en mayo, las negociaciones entre ambas compañías llevan más de un año de análisis y apuntan a que Intel Foundry procese parte de la producción de chips para Apple, una estrategia que busca diversificar el riesgo geopolítico asociado a la región de Taiwán y aliviar la presión sobre una TSMC que actualmente opera a plena capacidad debido a la demanda de Nvidia, AMD y otros fabricantes de semiconduc tores.
Al momento de cierre de operaciones, ni Apple ni Intel habían emitido una confirmación formal del acuerdo, aunque las acciones de Intel experimentaron un salto de más de 9% en el pre-mercado, liderando las ganancias del sector semiconductor y evidenciando el entusiasmo de los inversores respecto de esta potencial diversificación de clientes para las operaciones de foundry de Intel. El anuncio se enmarca dentro de la estrategia de política industrial de la administración Trump, orientada a relocalizar la manufactura tecnológica sensible hacia Estados Unidos, un objetivo que coincide con los intereses de Intel Foundry, que busca activamente contratos ancla para justificar su ambicioso plan de expansión de capacidad productiva.
Para Apple, el movimiento reduce sustancialmente la dependencia respecto de un único proveedor en un contexto donde las tensiones en el Estrecho de Taiwán permanecen como un factor latente de riesgo geopolítico para la continuidad del suministro. El mercado interpretó la noticia como un catalizador de corto plazo para los semiconductores de fabricación doméstica, con empresas como Marvell ($MRVL) y SanDisk también sumándose al movimiento alcista en el sector. No obstante, la pregunta estructural que persiste es si Intel posee la capacidad técnica y operativa para cumplir con los estándares de rendimiento y calidad que Apple exige, algo que el fabricante de chips de Santa Clara aún debe demostrar a escala comercial.

