El INDEC publicó el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondiente a febrero de 2026, que registró una caída del 2,1% interanual y un retroceso del 2,6% mensual desestacionalizado, mientras que el componente tendencia-ciclo mostró una variación positiva marginal del 0,1%. A nivel sectorial, el desempeño fue heterogéneo: los rubros vinculados al sector externo lideraron las subas, con Pesca (+14,8% i.a.), Explotación de minas y canteras (+9,9% i.a.) y Agricultura (+8,4% i.a.) como los más dinámicos, aportando en conjunto 0,8 puntos porcentuales al índice. En contraste, los sectores más vinculados al ciclo interno mostraron contracciones significativas.
La industria manufacturera cayó un 8,7% interanual y el comercio retrocedió un 7,0% i.a., restando en conjunto 2,2 puntos porcentuales al indicador. La construcción también operó en terreno negativo (-0,6% i.a.), mientras que la intermediación financiera se destacó con un alza del 7,7% i.a. Este patrón consolida la caracterización de una economía dual: los sectores exportadores traccionan la recuperación, pero los componentes ligados al consumo interno y la demanda doméstica aún no logran sumarse al proceso. La encuesta de tendencia de negocios del INDEC refuerza este diagnóstico: el 84,9% de las empresas industriales no prevé mejoras en la producción para el trimestre abril-junio, y el 50,9% califica los pedidos como por debajo de lo normal.
En paralelo, el Índice Líder de Di Tella mostró en marzo una suba mensual del 0,83%, con un índice de difusión del 60%, indicando que la mayoría de las series que lo componen presentan mejoras. No obstante, en términos interanuales el indicador permanece en terreno negativo (-4,93%), y la probabilidad de salida de la fase expansiva se ubica en el 85%, señalando riesgos elevados sobre la sostenibilidad del ciclo. La debilidad de la demanda interna continúa siendo la restricción más citada tanto en el sector industrial (52,5%) como en el comercial (58,7%), en un contexto marcado por la caída del poder adquisitivo y la transformación en la composición del empleo, donde el avance del cuentapropismo no compensa la destrucción del empleo formal registrada en los últimos períodos.

