La escalada militar entre Estados Unidos e Irán alcanzó un nuevo punto de inflexión el lunes cuando la Marina de EE.UU. disparó contra el buque de carga iraní Touska e interceptó la embarcación en el Golfo de Omán, luego de que ignorara reiteradas advertencias mientras intentaba sortear el bloqueo naval estadounidense. El destructor USS Spruance inutilizó la sala de máquinas del carguero, acción confirmada por el presidente Donald Trump, quien además advirtió que si Teherán no acepta un acuerdo, EE.UU. destruirá infraestructura energética y de comunicaciones en el territorio iraní. La respuesta de Irán fue inmediata: el Estrecho de Hormuz fue cerrado nuevamente y Teherán canceló el envío de negociadores a Pakistán para la nueva ronda de diálogos.
El impacto en los mercados de energía fue directo e inmediato. El Brent avanzó un 5,1% hasta los USD 95,0 por barril, mientras que el WTI subió un 5,6% hasta los USD 88,6 por barril, revirtiendo por completo la caída del viernes, que había sido impulsada por el anuncio iraní de reapertura del Estrecho. El Estrecho de Hormuz es un corredor vital para el comercio energético global: por él transita aproximadamente un quinto de la oferta mundial de crudo, convirtiéndolo en uno de los puntos geopolíticos de mayor sensibilidad para los precios del petróleo.
El presidente Trump indicó que el alto el fuego vence el miércoles por la noche y que una extensión es «altamente improbable», lo que configura un panorama binario para los próximos días: o se avanza hacia un acuerdo diplomático, o la escalada redefine los pisos del crudo para el segundo trimestre. Este escenario tiene implicancias directas sobre las expectativas inflacionarias globales, dado que un crudo elevado sostenido presionaría los índices de precios en las principales economías y podría condicionar los márgenes de maniobra de los bancos centrales en su proceso de normalización monetaria.

