Kevin Warsh prestó juramento como presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos el viernes 22 de mayo, sucediendo a Jerome Powell tras ocho años al frente de la institución. La ceremonia tuvo lugar en la Casa Blanca con el juez Clarence Thomas como testigo, y el FOMC lo eligió chairman de manera unánime en la misma jornada. Warsh, de 56 años y ex miembro del directorio de la Fed entre 2006 y 2011, se comprometió a liderar una institución orientada a la reforma, con foco explícito en estabilidad de precios y pleno empleo.
La transición ocurre en un entorno de renta fija bajo presión: el rendimiento del bono del Tesoro a 30 años tocó 5,2% la semana pasada, su nivel más alto desde 2007, impulsado por los temores inflacionarios asociados al conflicto con Irán y por la persistencia del déficit fiscal como factor de prima de riesgo en el extremo largo de la curva. La inflación de abril se ubicó en su nivel más alto en tres años, mientras que el dólar acumula presión a la baja frente a sus principales pares.
El mercado aguarda señales concretas sobre el ritmo de recortes de tasas que el nuevo presidente de la Fed está dispuesto a avalar en lo que resta del año. La combinación de inflación elevada, deuda pública en expansión y un dólar debilitado configura un escenario de alta complejidad para la conducción de la política monetaria estadounidense. La postura de Warsh respecto a la independencia institucional de la Fed y su relación con la administración Trump será uno de los focos de atención para los mercados internacionales en los próximos meses.

