Las alarmas en el escenario diplomático global se encendieron luego de que la administración de Donald Trump calificara de «totalmente inaceptable» la contrapropuesta elaborada por Irán para resolver la crisis en Medio Oriente[cite: 9, 59]. Esta postura confrontativa debilita estructuralmente la posibilidad de alcanzar un cese al fuego y destrabar la liberación de activos en el corto plazo[cite: 60].
El paquete de medidas ofrecido por la administración de Teherán incluía el cese automático de las hostilidades, la administración local del clave Estrecho de Ormuz y el consecuente levantamiento de las restricciones vigentes sobre sus exportaciones petroleras[cite: 10]. Al describir el estado actual de las negociaciones como «increíblemente débil», Washington ha endurecido su posición a pocos días de una importante cumbre bilateral internacional, donde la temática iraní será el eje central de las conversaciones[cite: 11].
El impacto en el sector de los commodities fue inmediato ante la posibilidad de una escalada militar de mayor alcance[cite: 64]. El crudo petróleo Brent reaccionó con un avance del 2,9%, situándose en torno a los 104,5 dólares por barril, mientras que los futuros del WTI aumentaron un 3,0%, posicionándose cerca de los 98,2 dólares[cite: 64]. Instituciones financieras globales advirtieron que, ante la falta de un acuerdo consistente, los precios podrían continuar su rally alcista, reintroduciendo una fuerte prima de riesgo geopolítico en la dinámica inflacionaria global[cite: 13, 14].

