El Banco de Japón (BoJ) ajustó en forma significativa sus proyecciones macroeconómicas, en un movimiento que profundiza las preocupaciones sobre la salud de la tercera economía del mundo. El organismo recortó su previsión de crecimiento para el año fiscal 2026 a 0,5% desde el 1,0% estimado previamente, al tiempo que elevó con fuerza la perspectiva de inflación core hasta 2,8% desde el 1,9% anterior. La combinación de menor crecimiento y mayor inflación delinea un escenario de estanflación incipiente para Japón, presionado por el encarecimiento de las importaciones energéticas y la debilidad estructural del yen.
El reposicionamiento de las proyecciones del BoJ cobra especial relevancia en el marco del denominado carry trade global, que vuelve a ganar protagonismo como variable de riesgo. Una eventual señal de orientación monetaria más restrictiva por parte del organismo japonés tendría implicancias directas sobre el cruce JPY frente a las principales divisas y, por extensión, sobre los flujos de capitales hacia activos de renta fija estadounidense, incluyendo los Treasuries. El yen débil amplifica el encarecimiento de las importaciones energéticas, retroalimentando el componente inflacionario.
Combinado con el shock energético global en curso derivado del conflicto con Irán y la suba del precio del crudo, el escenario macroeconómico japonés sugiere que las primas de riesgo en activos de duración larga pueden mantenerse bajo presión. La interacción entre la política monetaria del BoJ, la dinámica del yen y los flujos globales de capital convierte al mercado japonés en una variable de seguimiento central para los mercados internacionales de bonos en el corto plazo.

