El presidente Donald Trump anunció en su red social Truth Social la cancelación de los ataques militares planificados contra Irán para la noche del jueves, afirmando que ambos países habían alcanzado un memorándum de entendimiento de 60 días para frenar el escalamiento del conflicto y abrir negociaciones sobre el programa nuclear iraní. Trump señaló que los términos del acuerdo contaban con aprobación al más alto nivel y que los actores involucrados incluyen a EE.UU., Israel, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Turquía, Pakistán, Bahréin, Kuwait, Jordania y Egipto. La noticia impulsó una recuperación en los mercados financieros en el tramo final de la rueda. El petróleo WTI cayó -4,1% hasta US$86,4/bbl y el Brent retrocedió -4,3% hasta US$89,1/bbl, revirtiendo parte del alza acumulada durante la escalada bélica.
El alivio en los mercados tiene, sin embargo, una contraparte geopolítica relevante: Irán no confirmó públicamente ningún acuerdo, y legisladores de línea dura en Teherán advirtieron que la posibilidad de un engaño por parte de Washington era alta. El bloqueo naval estadounidense a puertos iraníes permanece vigente hasta que se firme un texto definitivo, cuya fecha y lugar Trump prometió anunciar en breve. La asimetría entre lo que Washington proclama y lo que Teherán reconoce introduce un factor de incertidumbre relevante para la evolución de los precios energéticos y los activos de riesgo en los próximos días.
Desde el inicio de la escalada bélica, los precios de la energía habían sido el principal vector de transmisión del conflicto hacia los datos de inflación en Estados Unidos. El PPI de mayo registró un avance mensual de 1,1% —el doble del consenso— con la energía explicando cerca del 80% del alza. Si el memorándum se formaliza y el Estrecho de Ormuz reabre al tráfico comercial, parte del shock energético que explica los registros inflacionarios de mayo podría revertirse en los meses siguientes. Los mercados están descontando ese escenario optimista, aunque la reversión rápida del acuerdo —en caso de que las negociaciones se traben— implicaría un repricing igualmente veloz en los activos sensibles al precio del crudo.

