En un informe reciente, JPMorgan sostuvo que el Estrecho de Ormuz volvería a operar con normalidad durante junio, proyección sustentada en la expectativa de que la reducción de los inventarios globales de petróleo terminaría impulsando una resolución del conflicto en la región. El estrecho, por el que transita aproximadamente el 20% del suministro mundial de crudo, permanece en el centro de las tensiones geopolíticas vinculadas a las negociaciones con Irán, cuyo desenlace tiene impacto directo sobre la dinámica de precios del mercado energético global.
En paralelo, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó una resolución sobre poderes de guerra destinada a restringir la facultad del presidente Trump para autorizar nuevas acciones militares contra Irán sin el aval del Congreso. La iniciativa fue calificada por el mandatario como «contraproducente» y afirmó que «debilita» las negociaciones en curso. Sin embargo, la votación reforzó la percepción de una creciente presión política interna a favor de una solución diplomática del conflicto, lo que los mercados interpretan como una señal de reducción del riesgo de escalada.
El escenario energético tiene implicancias directas sobre la política monetaria de la Reserva Federal. Las tensiones persistentes en Medio Oriente son uno de los factores que mantienen el precio del petróleo en niveles elevados, contribuyendo a sostener presiones inflacionarias que dificultan una flexibilización de tasas en el corto plazo. La combinación de un mercado laboral robusto y precios de la energía sin corrección significativa configura el escenario de mayor complejidad para la Fed en su balance entre inflación y actividad económica.

