American Airlines (AAL) reportó ingresos récord para el primer trimestre, con USD 13.900 millones en facturación, lo que representa un aumento del 10,8% interanual. Sin embargo, el dato que dominó la reacción del mercado fue la revisión del guidance para el año completo: la aerolínea pasó de una proyección de ganancias de entre USD 1,70 y USD 2,70 por acción, estimada en enero, a un nuevo rango que va desde una pérdida de USD 0,40 hasta una ganancia máxima de USD 1,10 por acción. La causa directa de este ajuste es un incremento esperado de USD 4.000 millones en el gasto de combustible respecto al año anterior, derivado del shock petrolero vinculado al conflicto en el Golfo.
Como parte de las medidas de preservación de caja, la compañía redujo sus entregas previstas de aeronaves de 55 a 49 unidades y recortó el capex en casi USD 300 millones. La dirección de la empresa indicó que espera recuperar entre el 40% y el 50% del sobrecosto de combustible mediante yield management en el segundo trimestre, con una escalada por encima del 90% hacia el cierre del año. Este escenario depende de la capacidad del sector aéreo en su conjunto para mantener disciplina en la oferta de asientos disponibles en el mercado.
La situación de American Airlines es consistente con las señales emitidas por United Airlines en días previos: la demanda del pasajero se mantiene firme, pero la rentabilidad del sector queda condicionada al precio del crudo mientras persista la presión sobre el estrecho de Ormuz. El escenario pone en evidencia la vulnerabilidad estructural de la industria aérea frente a los ciclos de precios energéticos, especialmente en contextos donde los costos de combustible de aviación representan una proporción significativa de la estructura de costos operativos. Los próximos resultados trimestrales del sector serán el indicador clave para evaluar si la estrategia de traslado de costos vía tarifas se materializa en los plazos proyectados.

