El presidente estadounidense Donald Trump declaró que «no hay vuelta atrás» en su objetivo de controlar Groenlandia, negándose a descartar tomar la isla ártica por la fuerza y confrontando a aliados europeos. La ambición de Trump de arrebatar soberanía sobre Groenlandia a Dinamarca, miembro de la OTAN, amenaza con fracturar la alianza que ha sustentado la seguridad occidental durante décadas y reavivar una guerra comercial con Europa. «Como expresé a todos muy claramente, Groenlandia es imperativa para la seguridad nacional y mundial. No puede haber vuelta atrás, en eso todos están de acuerdo», afirmó Trump.
La primera ministra danesa Mette Frederiksen adoptó un tono desafiante afirmando que «ciertamente no voy a abandonar Groenlandia», advirtiendo que dado que el presidente estadounidense «desafortunadamente no ha descartado el uso de fuerza militar, el resto de nosotros tampoco puede descartarlo». Esta escalada verbal ha generado preocupación sobre posibles fracturas dentro de la OTAN y el impacto en las relaciones transatlánticas.
Líderes europeos reunidos en Davos intentaron proyectar fortaleza continental. El presidente francés Emmanuel Macron insistió en que la Unión Europea no se doblega ante «la ley del más fuerte» y prefiere «respeto a matones», mientras que la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen describió un «cambio sísmico» que obliga a construir «una nueva forma de independencia europea». El episodio ha reavivado debates sobre la autonomía estratégica europea y la dependencia del continente respecto a Estados Unidos en materia de seguridad.

