El precio del petróleo WTI avanzó 8,5% hasta ubicarse en USD 81 por barril, alcanzando su nivel más alto desde julio de 2024. El movimiento estuvo impulsado por la escalada de tensiones en Medio Oriente, donde Irán volvió a lanzar misiles y drones contra objetivos en Israel y contra posiciones militares de Estados Unidos en la región. Israel respondió intensificando los bombardeos sobre infraestructura militar iraní y sobre posiciones de Hezbollah en Líbano. El impacto de un misil iraní desató un incendio en la principal refinería de Baréin, sumando presión al mercado energético global.
El tránsito de petroleros en el Estrecho de Ormuz continúa en gran parte paralizado, mientras que Irán aseguró haber atacado un buque petrolero con un misil. Este canal es clave para el comercio energético global, ya que concentra una proporción significativa del tráfico de crudo a nivel mundial. A este escenario se suma la decisión del gobierno chino de ordenar a sus principales refinerías suspender las exportaciones de diésel y gasolina, lo que refuerza la presión alcista sobre los precios internacionales del crudo. Los intentos por calmar al mercado, incluyendo propuestas de seguros para embarcaciones y escoltas navales por parte de EE.UU., no han logrado por ahora reducir la tensión.
La suba del petróleo genera efectos en cadena sobre la inflación global y los costos de producción, con implicancias directas para las expectativas de política monetaria en los principales bancos centrales. En EE.UU., el encarecimiento del crudo suma presiones inflacionarias en un contexto en que la Reserva Federal evalúa el ritmo de sus próximas decisiones de tasas. A nivel de mercados, el sector energético fue el único con desempeño positivo en una jornada de caídas generalizadas en Wall Street, mientras que los inventarios de crudo en EE.UU. continúan aumentando, limitando parcialmente el impacto alcista sobre los precios.

