Arabia Saudita comenzó a recortar su producción en dos yacimientos clave, sumándose a las reducciones ya implementadas por Irak, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, en el marco del conflicto bélico entre EE.UU., Israel e Irán que paralizó el tráfico marítimo en el Golfo Pérsico. El precio del crudo trepó casi 30% el lunes, superando los USD 119 por barril, alcanzando su nivel más alto desde 2022, mientras cientos de buques permanecen inmovilizados dentro del Golfo y en las inmediaciones del Estrecho de Ormuz. Se estima que el conflicto ya redujo la oferta global en 200 millones de barriles en los últimos diez días.
Ante la escalada, los ministros de Finanzas del G7 debatieron la liberación de reservas de emergencia, una decisión que podría formalizarse a nivel de jefes de Estado durante la semana. La Agencia Internacional de Energía (AIE) dispone de más de 1.200 millones de barriles en reservas públicas y otros 600 millones en stocks industriales. Japón, que importa el 95% de su petróleo desde Oriente Medio, ya instruyó a sus instalaciones de reserva para preparar una eventual liberación. Corea del Sur anunció topes de precios a los combustibles por primera vez en casi 30 años, Vietnam eliminó aranceles de importación a los carburantes y China ordenó a sus refinadoras suspender exportaciones de combustible.
Francia desplegó una docena de buques navales en el Mediterráneo, el Mar Rojo y potencialmente en Ormuz como apoyo defensivo a sus aliados. La designación de Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo iraní enfrió las expectativas de una resolución diplomática rápida. Sin embargo, las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien afirmó que la victoria sobre Irán está prácticamente lograda y que la Marina de EE.UU. escoltará petroleros que atraviesen el Estrecho de Ormuz, generaron cierta descompresión en los mercados financieros, reduciendo parcialmente la prima de riesgo geopolítico incorporada en los precios de los últimos días.

