El alto al fuego entre Estados Unidos e Irán, vigente desde hace dos semanas, fue extendido de manera indefinida por el presidente Donald Trump luego de que el plazo original venciera. La decisión llegó tras la mediación del jefe del ejército pakistaní, el mariscal Asim Munir, y del primer ministro Shehbaz Sharif. Trump condicionó la extensión a que Teherán presente una «propuesta unificada» para poner fin al conflicto, argumentando que el gobierno iraní se encuentra «seriamente fracturado» y requiere tiempo para articular una posición coherente.
Sin embargo, la extensión no implicó una distensión real: Trump ordenó mantener el bloqueo sobre los puertos iraníes, una medida que Irán considera en sí misma un acto de guerra y condición excluyente para cualquier negociación. Horas después del anuncio, una lancha iraní abrió fuego contra un buque portacontenedores cerca del Estrecho de Ormuz, según informó la agencia marítima regional. El estrecho permanece bloqueado, interrumpiendo el tránsito de los 20 millones de barriles diarios que normalmente lo atraviesan. Un asesor del parlamento iraní calificó la extensión como una posible «maniobra para ganar tiempo» de cara a una eventual escalada militar.
El impacto en los mercados energéticos es directo: el petróleo WTI avanzó un 4,8% hasta USD 89,4 por barril, reflejando la falta de avances concretos en las negociaciones. En paralelo, la inflación en EE.UU. se ubica en 3,3% interanual, con los precios de la gasolina acumulando una suba del 21,2%. La hoy publicación del informe semanal de inventarios de crudo de la EIA (10:30 a.m. ET) cobra especial relevancia en este contexto de alta incertidumbre sobre la oferta global de energía. La persistencia del conflicto representa el principal factor de riesgo para la estabilidad de los mercados energéticos globales en el corto plazo.

