El Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó a la baja su proyección de crecimiento económico para Argentina, situándola en 3,5% para 2026, medio punto porcentual por debajo de la estimación previa. La organización atribuyó el ajuste principalmente a factores domésticos. Petya Koeva Brooks, funcionaria del organismo, señaló que el debilitamiento en el crecimiento se explica en gran medida por el menor dinamismo de la actividad económica observado en la segunda mitad del año 2025, descartando un impacto relevante del conflicto en Medio Oriente como factor determinante.
En materia de precios, el FMI reconoció la desaceleración inflacionaria registrada en los últimos meses, aunque anticipa que el proceso de convergencia continuará de forma más gradual hacia adelante. El organismo proyecta una inflación del 30,4% para todo 2026, dato que se alinea con estimaciones privadas como el REM (29,1%), pero que contrasta marcadamente con el 10,1% contemplado en el Presupuesto oficial. La brecha entre ambas proyecciones subraya la existencia de expectativas divergentes sobre la velocidad del proceso desinflacionario en el país. Brooks también remarcó el rol de la inflación en la erosión de los ingresos reales, señalando que los precios más altos de materias primas actúan en sentido contrario a la recuperación del poder adquisitivo.
El recorte en la proyección de crecimiento y la convergencia de expectativas de inflación hacia niveles más altos configuran un escenario donde la recuperación de la actividad económica aparece condicionada por la dinámica de los ingresos reales. El menor dinamismo observado en la segunda mitad de 2025 generó un arrastre estadístico que impacta directamente sobre las proyecciones para el corriente año. En este marco, los datos de actividad industrial, consumo y empleo de los próximos meses serán claves para evaluar si la economía recupera tracción en el segundo trimestre de 2026, período en el que históricamente la estacionalidad agrícola aporta divisas y dinamismo al sector externo.

