Estados Unidos activó formalmente el bloqueo naval sobre los puertos iraníes en el Estrecho de Ormuz, aplicable a todo buque con origen o destino en Irán. La medida representa una escalada significativa de las tensiones tras el colapso de las negociaciones que tuvieron lugar en Islamabad el 11 y 12 de abril, donde el punto de quiebre fue la exigencia norteamericana de un compromiso verificable de que Teherán no buscará desarrollar armamento nuclear. La Casa Blanca presentó el bloqueo como una respuesta directa al cierre parcial del estrecho que Irán había impuesto en semanas previas.
Sin embargo, sobre el cierre de la jornada surgieron señales diplomáticas que moderaron el impacto en los mercados. El presidente Donald Trump afirmó que Irán quiere negociar, y funcionarios norteamericanos confirmaron que se están discutiendo los términos de una segunda ronda de conversaciones antes de que expire la tregua el 21 de abril. En este contexto, el petróleo WTI cedió más de un 6% durante la jornada, ubicándose en torno a los $92 por barril, revirtiendo las subas previas que habían seguido al anuncio del bloqueo. Al cierre definitivo, el WTI acumuló una caída del 7,4%, cerrando en USD 91,77 por barril.
La Agencia Internacional de Energía (AIE) publicó su Oil Market Report de abril con un giro pronunciado en las proyecciones. La demanda global de crudo se contraerá en promedio 80.000 barriles diarios durante 2026, frente a un crecimiento de 730.000 barriles estimado apenas un mes atrás. Para el segundo trimestre, la AIE proyecta una caída de 1,5 millones de barriles por día, la más pronunciada desde la pandemia de 2020. El deterioro responde a múltiples factores: cancelaciones masivas de vuelos en Medio Oriente y partes de Asia que redujeron el consumo de jet fuel, restricciones de suministro de GLP, y políticas activas de contención de demanda en varios países. El supuesto base de la AIE contempla una normalización parcial de los flujos desde Medio Oriente hacia mediados de año, aunque no a niveles previos al conflicto.

