Los precios de importación en Estados Unidos registraron en febrero su mayor incremento en cuatro años, con una suba del 1,3% mensual que duplicó las estimaciones del mercado. El dato extiende la tendencia alcista iniciada en enero, mes cuya variación fue revisada al alza hasta el 0,6%. El repunte no se limitó a los combustibles —cuyos precios avanzaron un 3,8%— sino que se extendió a alimentos, bienes de consumo y, de manera destacada, a los bienes de capital importados, que anotaron su mayor suba desde que el gobierno comenzó a registrar la serie en 1988, impulsados en parte por la demanda vinculada a infraestructura de inteligencia artificial y centros de datos.
El dato complica el escenario para la Reserva Federal, que ya enfrentaba una inflación núcleo persistente antes del inicio de las hostilidades con Irán. La depreciación acumulada del dólar del 7,37% durante 2025 continúa filtrándose en los precios de importación con rezago, mientras que el encarecimiento de fertilizantes anticipa una segunda ronda inflacionaria a través de los precios de los alimentos. El PCE subyacente de febrero convergiría en torno al 0,4% mensual, con una variación interanual del 3,0%, sin contemplar aún el impacto pleno del conflicto en el Estrecho de Ormuz.
Con el precio del crudo acumulando una suba superior al 30% desde el inicio del conflicto y las cadenas de suministro bajo presión, las proyecciones de mercado apuntan a que las presiones de precios se mantendrán al alza durante varios meses. Este escenario reduce el margen de la Fed para iniciar un ciclo de recortes de tasas en 2026. La combinación de inflación importada, costos energéticos elevados y debilidad del dólar configura un entorno de política monetaria restrictiva con horizonte incierto.

