Estados Unidos confirmó el envío a Irán de una propuesta de 15 puntos destinada a poner fin al conflicto en Medio Oriente. Entre los puntos centrales del plan se incluyen el desmantelamiento del programa nuclear iraní, el cese de apoyo a grupos proxy y la reapertura del Estrecho de Ormuz. El presidente Donald Trump calificó como «un regalo muy valioso» la concesión iraní de permitir el tránsito de embarcaciones no hostiles por el Estrecho, previa coordinación con autoridades de Teherán. Paralelamente, el canal israelí Channel 12 reportó que Washington busca un alto al fuego de un mes para encuadrar las negociaciones, mientras Pakistán se ofreció oficialmente como sede de diálogo.
A pesar de las señales diplomáticas, los ataques de EE.UU., Israel e Irán continuaron de manera simultánea a los contactos preliminares. Washington prepara además el despliegue de miles de soldados de la División Aerotransportada 82 en la región, sumándose a los aproximadamente 50.000 efectivos ya presentes. El Estrecho de Ormuz permanece efectivamente cerrado desde hace cuatro semanas, cuando comenzaron los ataques, generando lo que analistas describen como el mayor shock de oferta energética de la historia reciente y empujando los precios del crudo a niveles no vistos en años.
Teherán negó públicamente la existencia de negociaciones directas: el presidente del Parlamento iraní calificó los reportes de «noticias falsas», manteniendo la incertidumbre sobre la viabilidad de un acuerdo en el corto plazo. Las fuentes gubernamentales de Pakistán, sin embargo, indicaron que las conversaciones están en una etapa avanzada, lo que genera un escenario de señales contrapuestas. El impacto del bloqueo del Estrecho se extiende a la oferta global de energía, con consecuencias directas sobre los precios del petróleo y los mercados financieros internacionales.

