Amazon Web Services (AWS) enfrentó una interrupción sin precedentes en sus centros de datos de Medio Oriente tras el impacto de objetos no identificados en sus instalaciones de Emiratos Árabes Unidos, que provocaron un incendio y el corte eléctrico en dos clusters de servidores. El incidente coincidió con la oleada de drones y misiles lanzada por Irán contra estados del Golfo en el marco de la ofensiva coordinada de Estados Unidos e Israel sobre el territorio iraní. La afectación se extendió también a la región de Bahréin y dejó fuera de servicio una docena de servicios centrales en la nube. AWS estimó que la recuperación de operaciones tomaría al menos un día, y recomendó a sus clientes respaldar datos y migrar operaciones hacia regiones no afectadas.
El episodio expone la vulnerabilidad de la infraestructura digital en una región donde las grandes tecnológicas han acelerado significativamente sus inversiones en los últimos años. Microsoft prevé elevar su inversión en EAU a 15.000 millones de dólares para 2029, mientras que Google y Oracle también operan centros de datos en el área. El Center for Strategic and International Studies ya había advertido que, en la era del cómputo en la nube, actores regionales podrían apuntar a centros de datos y nodos críticos de fibra óptica como nuevos objetivos estratégicos, en paralelo a la infraestructura petrolera tradicional.
De confirmarse que se trató de un ataque deliberado, sería la primera vez que un centro de datos de una gran tecnológica estadounidense es sacado de operación por acción militar. El evento podría tener implicancias de largo alcance en la estrategia de expansión de la industria tecnológica en el Golfo y elevar las primas de riesgo asociadas a la concentración geográfica de infraestructura cloud en zonas de conflicto. Instituciones financieras que utilizan servicios de AWS reportaron interrupciones operativas, poniendo de manifiesto la dependencia crítica del sistema financiero global respecto de la infraestructura de computación en la nube.

