La Unión Europea aprobó el Instrumento Anti-Coerción (ACI), que habilita al bloque a responder de manera unilateral y rápida ante intentos de otros países de influir en su política interna. El mecanismo permite la aplicación de aranceles elevados, restricciones a los servicios y al acceso al mercado financiero, así como limitaciones en materia de propiedad intelectual, entre otras medidas de represalia comercial.
En su intervención en el Foro de Davos, el presidente francés Emmanuel Macron instó a la Unión Europea a no dudar en utilizar este mecanismo. El llamado se produjo después de que Donald Trump amenazara con imponer aranceles a los países europeos que respalden a Dinamarca y se opongan a un eventual control estadounidense de Groenlandia. La activación del instrumento marca un endurecimiento de la postura europea frente a presiones externas.
El ACI representa una herramienta defensiva en el arsenal comercial europeo, diseñada para disuadir intentos de coerción económica por parte de terceros países. Su aprobación refleja la creciente preocupación en Bruselas sobre la utilización del comercio como instrumento de presión política. La disponibilidad de este mecanismo podría escalar tensiones comerciales si se producen nuevas amenazas arancelarias desde Estados Unidos, añadiendo un elemento de incertidumbre a las relaciones transatlánticas en materia económica.

