El inicio de 2026 confirma que el sector textil y del calzado continúa atravesando una fase contractiva, sin señales claras de estabilización. En las últimas semanas se registraron nuevos despidos, cierres de plantas y conflictos laborales, en un contexto caracterizado por una menor producción local, caída del consumo interno y un aumento significativo de las importaciones. Este desempeño se da en un escenario de deterioro financiero de las empresas y márgenes presionados, donde la competencia externa gana participación frente a una demanda doméstica débil.
Los datos sectoriales reflejan la magnitud del ajuste. En noviembre de 2025, la fabricación de calzado y sus partes cayó 30.9% interanual y la de prendas de vestir retrocedió 11.7%, con una utilización de la capacidad instalada por debajo del 30%, mínimo de la serie histórica. Este nivel de utilización refleja que las plantas operan con más de dos tercios de su capacidad ociosa, una situación que compromete la viabilidad económica de muchas empresas del sector y presiona hacia ajustes adicionales en la estructura productiva.
El mayor ingreso de productos importados, principalmente desde Asia, coincidió con una contracción adicional de las ventas locales: en el último bimestre de 2025, la comercialización de indumentaria cayó 9.4% y siete de cada diez empresas reportaron retrocesos, consolidando un proceso de ajuste que sigue vigente en el arranque de 2026. La combinación de demanda débil, alta presión importadora y costos operativos elevados configura un escenario desafiante para la industria textil argentina, con expectativas de que la contracción se extienda durante los primeros meses del año.

