La actividad manufacturera de Estados Unidos se mantuvo en zona de expansión durante febrero, con el PMI del ISM en 52,4, levemente por debajo de los 52,6 registrados en enero pero por encima de las estimaciones de mercado, que proyectaban un valor de 51,8. Sin embargo, el indicador que concentró la atención de los operadores fue el índice de precios pagados por los fabricantes, que trepó a 70,5, su nivel más alto desde octubre de 2022, reflejando el impacto directo de los aranceles sobre los costos de insumos industriales.
En el detalle del informe, el subíndice de nuevas órdenes retrocedió a 55,8 desde 57,1 en enero, mientras que el empleo manufacturero se mantiene deprimido en 48,8, con el sector habiendo acumulado la pérdida de 83.000 puestos de trabajo desde enero de 2025. El índice de entregas de proveedores subió a 55,1, señal de que las cadenas de suministro continúan bajo presión. La política arancelaria de la Administración Trump, lejos de reactivar la producción local como se prometió en campaña, ha derivado en una compresión de márgenes y mayores tiempos de entrega a lo largo de toda la cadena productiva.
El único contrapeso positivo dentro del sector industrial proviene del segmento tecnológico, impulsado por la adopción acelerada de inteligencia artificial y la construcción de centros de datos. En este escenario, la inflación de insumos industriales podría trasladarse gradualmente a los precios al consumidor en los próximos meses, agregando presión sobre las expectativas inflacionarias en un contexto donde la Reserva Federal sigue monitoreando de cerca la evolución de los precios. La combinación de expansión productiva con costos crecientes plantea un desafío para la política monetaria estadounidense en el corto plazo.

