Nike publicó sus resultados del tercer trimestre fiscal con ingresos de USD 11.280 millones, prácticamente en línea con el año anterior y levemente por encima de las estimaciones del consenso. La ganancia por acción (EPS) fue de USD 0,35, superando los USD 0,28 que proyectaba el mercado. Sin embargo, el dato que generó la reacción negativa fue el guidance para el cuarto trimestre: la compañía proyectó una caída en ventas de entre 2% y 4%, muy por debajo del crecimiento de 1,9% que anticipaba Wall Street, lo que provocó una baja de más del 9% en las operaciones del after-market.
El margen bruto se contrajo por sexto trimestre consecutivo, cayendo 130 puntos básicos hasta el 40,2%, afectado principalmente por el impacto de los aranceles comerciales y la estrategia de descuentos agresivos implementada para descomprimir el inventario acumulado. El canal mayorista mostró resiliencia con un alza del 5%, mientras que las ventas directas al consumidor (DTC) retrocedieron 4%, arrastradas por debilidad en Europa y Asia. El CEO Elliott Hill reconoció que el proceso de reestructuración avanza más lento de lo esperado y que los resultados tangibles de la reorganización interna no serán visibles hasta la primavera de 2027.
China sigue siendo el principal factor de presión sobre los resultados globales de Nike: las ventas en el país cayeron un 10% en el trimestre y se proyecta un desplome de hasta el 20% en el siguiente, afectadas por errores operativos, niveles elevados de inventario y la competencia creciente de marcas locales como Anta y Li Ning. En este contexto, el mercado estadounidense se posiciona como el ancla de estabilidad relativa para la compañía, aunque su sostenibilidad dependerá de la fortaleza del consumidor doméstico en un entorno de deterioro del mercado laboral y presiones inflacionarias crecientes derivadas de los aranceles.

