México, a través de su empresa estatal Pemex, ha incrementado significativamente su rol como proveedor de combustible para Cuba, enviando aproximadamente 19.200 barriles diarios entre enero y septiembre de 2025. Este salvavidas energético surge tras el colapso del apoyo petrolero venezolano y en medio de un endurecimiento de la postura estadounidense hacia la isla caribeña.
La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha enfatizado que los envíos se mantienen en niveles históricos, buscando evitar cualquier escalada que pudiera provocar una reacción negativa de Estados Unidos. Esta estrategia refleja el delicado equilibrio diplomático que México debe mantener entre su política de cooperación regional y sus relaciones con Washington, especialmente bajo la administración Trump.
Cuba históricamente dependía de Venezuela para satisfacer cerca del 25% de su demanda energética, pero los cortes de suministro y los apagones frecuentes que afectan a la población cubana han generado una crisis energética significativa. Expertos anticipan que cualquier aumento sustancial en los envíos petroleros mexicanos podría desencadenar presiones significativas de Estados Unidos sobre México, complicando aún más las relaciones bilaterales en materia comercial y migratoria.

