Tras la detención de Nicolás Maduro durante el fin de semana, Donald Trump anunció que Venezuela entregará hasta 50 millones de barriles de crudo a Estados Unidos, valuados en torno a US$ 2.800 millones a precios actuales. El presidente estadounidense destacó que la operación beneficiará a ambas naciones, marcando un cambio dramático en las relaciones bilaterales después de años de sanciones y tensiones diplomáticas.
El secretario de Energía, Chris Wright, amplió esta información detallando que inicialmente se venderán los barriles actualmente en reserva, aunque el objetivo final es comercializar de manera permanente toda la producción venezolana. Esta estrategia busca incrementar la disponibilidad de crudo en el mercado estadounidense y potencialmente reducir presiones inflacionarias en el sector energético.
Adicionalmente, Estados Unidos, con apoyo del Reino Unido, incautó dos buques petroleros vinculados a Venezuela y Rusia, intensificando la presión sobre las redes de comercialización de petróleo que evadían las sanciones occidentales. Este movimiento representa un endurecimiento significativo de la postura estadounidense en materia de geopolítica energética y podría tener implicaciones importantes para los mercados globales de crudo, especialmente considerando el rol de Venezuela como poseedor de algunas de las mayores reservas petroleras del mundo.

