La escalada bélica entre EE.UU., Israel e Irán ingresó en una fase crítica tras el ataque israelí al yacimiento de gas South Pars y la respuesta iraní sobre las instalaciones de Ras Laffan en Qatar, que procesan aproximadamente el 20% del GNL mundial. El CEO de QatarEnergy confirmó que los daños eliminaron un sexto de la capacidad exportadora del país, equivalente a USD 20.000 millones anuales, con reparaciones estimadas en tres a cinco años. Arabia Saudita también recibió ataques en su principal puerto del Mar Rojo, utilizado como vía alternativa ante el cierre iraní del Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo global. Trump exigió a Netanyahu que no repita ofensivas sobre infraestructura energética, aunque el primer ministro israelí confirmó que Israel actuó de manera independiente, mientras funcionarios israelíes señalaron que sí existió coordinación previa con Washington.
Ante el riesgo de un shock energético global, el G7 emitió una declaración conjunta expresando su disposición a garantizar el libre tránsito por el Estrecho de Ormuz y a coordinar con países productores para incrementar la oferta, aunque Alemania aclaró que cualquier participación operativa ocurriría únicamente tras el cese de hostilidades. Irán advirtió que nuevos ataques sobre su infraestructura desencadenarán represalias hasta destruir completamente la de sus adversarios. La directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, reconoció ante el Congreso que los objetivos de Israel y EE.UU. difieren, lo que añade incertidumbre estratégica a un conflicto que acumula más de 20 días de bombardeos y miles de víctimas.
La divergencia entre aliados y la ausencia de una estrategia de salida unificada configuran un escenario en el que la presión sobre los mercados energéticos globales podría extenderse de manera considerable. El impacto sobre los precios del gas natural licuado y el petróleo crudo se proyecta como una variable de primer orden para las economías importadoras, en particular Europa y Asia, que dependen de los flujos del Golfo Pérsico. La disrupción en Ras Laffan, nodo crítico de la infraestructura global de GNL, representa uno de los mayores shocks de oferta energética de la última década.

