Durante el fin de semana, Estados Unidos e Israel llevaron adelante una ofensiva coordinada contra Irán, con bombardeos sobre blancos militares y estratégicos que, según autoridades israelíes, buscaban neutralizar amenazas vinculadas al programa nuclear iraní. Los ataques impactaron instalaciones en Teherán y otras ciudades. Distintos medios internacionales informaron que el líder supremo iraní, Ayatolá Ali Jamenei, habría fallecido en el marco de los ataques, lo que generó un vacío de poder inmediato y una respuesta del régimen y sus aliados regionales.
El Estrecho de Ormuz se convirtió en otro foco de tensión crítico. Por esta vía marítima transita aproximadamente una cuarta parte del comercio global de petróleo y gas natural licuado, por lo que cualquier interrupción en el tráfico tiene consecuencias directas sobre la logística energética mundial. Tras los primeros ataques, la Guardia Revolucionaria Iraní notificó a los buques mercantes la suspensión del paso, lo que derivó en una virtual paralización del tráfico marítimo en la zona. En respuesta, el precio del petróleo WTI avanzó un 8,4% hasta los 72,7 dólares por barril, mientras que el Brent escaló un 9,1% hasta los 79,5 dólares.
El impacto se extendió a los mercados financieros globales: los inversores buscaron cobertura en activos refugio, con la onza de oro avanzando un 1,2% y el índice DXY fortaleciéndose un 1% frente a las principales monedas. Los rendimientos de los Bonos del Tesoro de EE.UU. se incrementaron a lo largo de toda la curva, con el bono a 10 años y el de 2 años avanzando 11 puntos básicos cada uno, hasta ubicarse en 4,04% y 3,48% respectivamente. El alza del crudo agrega presión adicional sobre el sendero inflacionario en un contexto donde la Reserva Federal ya enfrenta desafíos por el traslado de los aranceles a los precios al consumidor.

