La inflación del 2,5% modificó el atractivo de los plazos fijos tradicionales, que pasaron a ofrecer rendimientos reales negativos a 30 días, provocando una caída de 1,7 billones de pesos en el stock de depósitos, que bajó de 52,8 billones a 51,1 billones de pesos en menos de un mes. Esta migración de fondos refleja la búsqueda de ahorristas por proteger el poder adquisitivo de sus ahorros frente a una inflación que erosiona los rendimientos nominales de los instrumentos de corto plazo.
En contraste, experimentaron un crecimiento significativo los plazos fijos UVA, ajustados por inflación y con un plazo mínimo de 90 días, cuyo volumen aumentó de 183.000 millones a 247.000 millones de pesos. En este contexto, el Banco Nación subió su tasa 100 puntos básicos hasta 23,5% anual, aunque bancos como Macro lideran con tasas del 25%, mientras que otras entidades ofrecen rendimientos de hasta 27% anual para captar depósitos en un entorno competitivo.
El escenario plantea interrogantes sobre la evolución del tipo de cambio y los riesgos de extender plazos en pesos. Los analistas advierten que, ante un shock externo, el BCRA podría verse obligado a intervenir retirando liquidez y generando mayor volatilidad en las tasas de interés. Esta dinámica refleja el desafío de mantener el atractivo de los instrumentos en pesos mientras se persigue el objetivo de reducir la inflación y estabilizar el mercado cambiario.

