La escalada del conflicto entre fuerzas israelíes y estadounidenses contra Irán entró en su cuarto día consecutivo con una intensificación significativa de los ataques, incluyendo la destrucción de objetivos navales, aéreos y nucleares, entre ellos el sitio subterráneo de Minzadehei en Teherán. En represalia, Irán lanzó drones contra embajadas norteamericanas en Arabia Saudita, Kuwait y Dubai, lo que llevó a Washington a cerrar sus misiones diplomáticas y evacuar personal no esencial de gran parte de Oriente Medio. El conflicto se extendió además al Líbano, donde Hezbollah atacó territorio israelí y recibió respuesta con bombardeos aéreos israelíes.
El impacto más inmediato sobre los mercados energéticos globales se concentró en el Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado (GNL). Irán interrumpió el tráfico marítimo en la zona, lo que llevó a Qatar a suspender su producción y cuadruplicó el costo de los fletes marítimos en la región. El precio del petróleo subió un 3,0% hasta USD 73,3 por barril —llegando a operar por encima de USD 75 durante gran parte de la jornada— acumulando un alza del 27,6% en lo que va del año. La administración Trump anunció que la Marina de los Estados Unidos escoltará buques tanqueros a través del estrecho para garantizar el flujo energético internacional.
Los mercados financieros globales operaron bajo un fuerte clima de aversión al riesgo (risk-off). El índice de acciones mundiales excluyendo EE.UU. cayó un 2,2%, con los mercados emergentes retrocediendo un 5,3% y Latinoamérica registrando una baja del 4,9%. En los mercados desarrollados, Japón descendió un 4,7% y Europa un 3,4%. Las tasas del Tesoro de EE.UU. extendieron sus alzas ante las crecientes preocupaciones inflacionarias asociadas a los precios de la energía: la UST10Y finalizó en 4,07% y la UST2Y en 3,51%. Fuentes cercanas al plan de guerra israelí indicaron que el conflicto habría sido planificado para una duración aproximada de dos semanas, lo que mantiene a los mercados en alerta máxima ante el riesgo de una disrupción energética global prolongada.

