Mientras el foco global permanece sobre el conflicto en Irán, China consolida una recuperación económica más sólida de lo anticipado. Los datos de enero y febrero mostraron un rebote significativo en ventas minoristas, producción industrial e inversión empresarial, con la inflación al consumidor en máximos de tres años y la desinflación productora en su nivel más bajo en 18 meses. El superávit comercial de 2025 podría superar el récord de 2024, dado que las exportaciones hacia Europa y Asia continúan compensando la caída de ventas hacia EE.UU. derivada de los aranceles.
En materia energética, China enfrenta el shock del petróleo desde una posición de relativa fortaleza: sus reservas comerciales y estratégicas de crudo se estiman en 1.200 millones de barriles, suficientes para sostener la economía durante aproximadamente cuatro meses. Este colchón reduce la urgencia de responder al pedido de Trump de reabrir el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, Europa y Asia —destinos clave de sus exportaciones— son altamente vulnerables al alza de la energía, lo que podría trasladar efectos adversos a China en los próximos trimestres.
En el plano geopolítico-comercial, la estrategia estadounidense de presionar puntos de estrangulamiento marítimos como Panamá, Venezuela y el propio Ormuz buscaría replicar sobre China la misma palanca que Beijing ejerció históricamente con las tierras raras. La dinámica refleja una profundización de la competencia estratégica entre ambas potencias, con el comercio global y los precios de la energía como variables de ajuste centrales en el corto plazo.

