El principal puerto petrolero de Fujairah, ubicado en los Emiratos Árabes Unidos, fue blanco de un ataque con drones que obligó a suspender temporalmente las operaciones de carga de crudo. El incidente vuelve a colocar en el centro del debate la seguridad del Estrecho de Ormuz, corredor marítimo estratégico por el que transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. La interrupción, aunque temporaria, generó una inmediata reacción en los mercados internacionales de energía.
Durante el fin de semana, las fuerzas estadounidenses también atacaron la isla Kharg, infraestructura crítica del sector petrolero iraní por la que se canaliza cerca del 90% de las exportaciones de crudo de Irán. En paralelo, el presidente Donald Trump instó a otros países a sumarse a la protección del tránsito marítimo en la región y señaló que Washington mantiene contactos con Teherán. Sin embargo, las autoridades iraníes negaron haber solicitado negociaciones o un alto al fuego, y advirtieron que el Estrecho solo sería restringido para embarcaciones consideradas "enemigas".
El director del Consejo Económico Nacional de EE.UU., Kevin Hassett, declaró que la administración Trump estima que el conflicto con Irán podría resolverse en cuestión de semanas y expresó que la economía estadounidense está en condiciones de absorber las perturbaciones energéticas derivadas de la escalada bélica. No obstante, el aumento sostenido del precio internacional del crudo —que volvió a superar los USD 100 por barril— representa un factor de presión inflacionaria a nivel global y un shock externo de consideración para economías emergentes dependientes de la importación de energía.

