El Gobierno nacional dispuso elevar las retenciones al petróleo convencional del 3,36% al 8%, en el marco del esquema de alícuotas variables vinculado al precio internacional del barril Brent. La medida se activa cuando el crudo supera los USD 80 por barril, nivel que fue ampliamente superado tras la escalada del conflicto en Medio Oriente, que llevó el precio internacional nuevamente por encima de los USD 100 por barril. El objetivo declarado de la medida es amortiguar el traslado del alza internacional a los combustibles del mercado interno.
El esquema vigente de retenciones variables establece una alícuota del 0% cuando el Brent se ubica por debajo de USD 65, y escala de forma progresiva hasta alcanzar un máximo del 8% cuando supera los USD 80. Este mecanismo busca desacoplar parcialmente los precios internos del petróleo de la volatilidad del mercado internacional, incentivando a los productores a colocar el crudo en el mercado doméstico a valores más bajos que los de exportación. En contraste, las retenciones al shale oil de Vaca Muerta se mantienen en el 8%, nivel que ya estaba vigente con anterioridad.
La decisión tiene implicancias directas sobre la cadena energética argentina, en un contexto donde el país atraviesa un proceso de expansión productiva en Vaca Muerta y busca consolidar su posición como exportador de hidrocarburos. El aumento de retenciones al petróleo convencional podría generar efectos diferenciados sobre los distintos segmentos de la industria: mientras que los grandes operadores de shale no ven alterada su estructura de costos exportables, los productores convencionales enfrentan un incremento en la presión fiscal sobre sus ventas al exterior. El contexto de precios elevados del crudo a nivel global modera en parte ese impacto, al mantener márgenes de rentabilidad aceptables incluso con mayor carga impositiva.

