Boeing reportó ingresos trimestrales de $23,950 millones, un incremento del 57% que superó las expectativas del mercado analista. El giro hacia una utilidad neta de $8.22 billones ($10.23 por acción) fue impulsado exclusivamente por la venta de Jeppesen por $10,600 millones, una operación de desinversión de activos que generó un beneficio extraordinario significativo. Sin embargo, al excluir este beneficio contable, la pérdida operativa por acción fue significativamente mayor a los $0.39 proyectados por los analistas, afectada por un cargo de $565 millones en su división de defensa y pérdidas continuas en su segmento comercial.
Operativamente, la firma logró estabilizar la producción del 737 MAX en 42 unidades mensuales y entregó 600 aeronaves durante 2025, su mejor desempeño en siete años. Este avance en la línea de ensamblaje representa un progreso importante en la normalización de la cadena de producción tras los problemas de calidad y certificación que afectaron a la compañía en años recientes. La capacidad de mantener una tasa de producción estable del modelo más vendido de Boeing indica una mejora gradual en los procesos operativos.
A pesar de este avance en la manufactura, el flujo de caja libre anual cerró en terreno negativo con un déficit de $1,900 millones, presionado por los costos de certificación del 777X y del MAX 7. El mercado reaccionó con una caída en las acciones, priorizando la debilidad de los márgenes subyacentes frente al beneficio contable por la desinversión de activos. La operación de Boeing continúa consumiendo efectivo mientras trabaja en obtener las certificaciones regulatorias necesarias para sus nuevos modelos, lo que mantiene la presión sobre la generación de caja de la compañía en el corto plazo.

