La temporada de balances bancarios en Estados Unidos reveló una solidez crediticia que ratifica la resiliencia económica del país, con los principales bancos reportando un robusto crecimiento en la demanda de crédito. Bank of America alcanzó un récord de 15.900 millones de dólares en ingresos netos por intereses tras registrar un crecimiento del 8% en préstamos. Por su parte, JPMorgan Chase avanzó un 9% en su cartera crediticia, mientras que Wells Fargo destacó con un incremento del 12% en su segmento comercial. Citigroup mostró una tracción del 7% impulsada por la banca de consumo y mercados, reflejando un entorno favorable para la inversión corporativa.
Sin embargo, el optimismo del sector se ve matizado por riesgos regulatorios y ajustes operativos significativos. Los bancos vigilan con cautela la propuesta de limitar las tasas de tarjetas de crédito al 10%, medida que según Citigroup y Wells Fargo restringiría el acceso al financiamiento y afectaría negativamente el consumo. La industria bancaria expresó preocupación sobre el impacto que tendría esta regulación en la disponibilidad de crédito para consumidores con menor calificación crediticia.
La búsqueda de eficiencia operativa impulsada por la automatización y la inteligencia artificial ha derivado en nuevos recortes de personal. Wells Fargo reservó 612 millones de dólares para indemnizaciones, mientras que Citigroup anunció la eliminación de 1.000 puestos de trabajo. Estos ajustes reflejan la transformación digital del sector bancario y la presión por mantener márgenes competitivos. Adicionalmente, ante la investigación sobre Jerome Powell, los directores ejecutivos del sector cerraron filas en defensa de la independencia de la Reserva Federal, subrayando la importancia de mantener la autonomía del banco central en la política monetaria estadounidense.

