Nvidia ha implementado condiciones comerciales drásticas para la venta de sus chips H200 en China, exigiendo el pago total por adelantado sin opción a cancelación ni reembolso. Esta estrategia busca capitalizar una demanda estimada en 2 millones de unidades valoradas en 27.000 dólares cada una, tras la decisión de la administración Trump de permitir las exportaciones bajo un arancel del 25%. Al eliminar las garantías de devolución, la compañía tecnológica transfiere todo el riesgo financiero a los clientes chinos frente a un entorno regulatorio extremadamente volátil.
El gobierno chino evalúa aprobar la importación de estos semiconductores de forma selectiva, excluyendo sectores de infraestructura crítica y agencias estatales por razones de seguridad nacional. Para gigantes tecnológicos como ByteDance, el H200 representa una actualización estratégica crítica, ya que ofrece un rendimiento seis veces superior al modelo anterior. Esta capacidad de procesamiento mejorada resulta fundamental para el desarrollo de aplicaciones de inteligencia artificial y modelos de lenguaje avanzados.
Bajo este esquema comercial restrictivo, las empresas chinas deben comprometer capital masivo de forma inmediata, asumiendo la posibilidad de que las aprobaciones regulatorias finales no se materialicen. Esta situación refleja la creciente tensión en las relaciones comerciales tecnológicas entre Estados Unidos y China, donde las compañías deben operar en un marco de incertidumbre regulatoria sin precedentes, balanceando oportunidades de negocio con riesgos geopolíticos significativos.

